2016-2020: Continúa la desigualdad de género en el poder político municipal

Los resultados electorales en el nivel municipal manifiestan la continuidad de un alto desequilibrio en el control del poder político entre hombres y mujeres. Las mujeres avanzaron muy poco en las pasadas elecciones del 15 de mayo 2015. Hay registro de nuevas alcaldesas. También, hay datos de ganancias de nuevas plazas. De las 12 alcaldesas de período 2010-2016, únicamente 5 pudieron retener el poder: San Juan de la Maguana, Sabana de la Mar, Sosúa, Sabana Grande de Boyá e Higüey. Este último municipio sin conteos definitivos.

En el período 1998-2006, existía una tendencia de un crecimiento conservador del porcentaje de mujeres que dirigían los ayuntamientos de República Dominicana. Para el período 1998-2002 ganaron alcaldías 2 (1.7%), de un número de 115 municipios; en el del 2002-2006 subieron hasta 9 (7.2%) de un total de 125 y en el del 2006-2010 sumaron 17 (11.26%) de un número de 151 municipios. La caída estrepitosa se produce en período 2010-2016 con un número de 12 (7.75%) del género femenino.

Para el próximo período de Gobierno Local 2016-2020, vuelve de nuevo el porcentaje de plazas a subir, aunque con un porcentaje que se puede considerar bajo. Este nivel es bajo por los equilibrios de género en la dirección política de los gobiernos locales. En las pasadas elecciones un total de 19 municipios, de 158, fueron ganados por mujeres. Esto representa el 12%, qué es casi similar al alcanzado para el período próximamente a concluir, que es 2006-2010 (11.26%).

El PLD ganó un total de 15 municipios, cuyas alcaldías serán encabezadas por mujeres: Bánica, Cayetano Germosén, Estebanía, Guaymate, Peralta, Polo, Restauración, Sabana de la Mar, Salcedo, San Juan de La Maguana, Sosúa, Tenares, Yaguate, Higüey (PLD-PLR), Sabana Grande de Boya (PLD-PRD). Por su parte, en el PRM ganaron mujeres en los municipios de Matanzas y Cotuí; y el PRSC obtuvo el triunfo en Esperanza y Guerra.

Este mapa del poder político expresa un alto nivel de desequilibrio. El cual podría estar determinado, como problema estructural, con las ventajas sociales, políticas y económicas de los hombres frente a las mujeres. El poder político es la expresión de quien más poder social y económico tiene. Más mujeres pobres, analfabetas, con más maltratos físicos y sicológicos, con menos posibilidad de empleos y con menos cargos directivos que los hombres, se convierten en los principales obstáculos para el equilibrio en la dirección de los poderes públicos. Según la OIT, el 70% de los pobres del mundo está constituido por mujeres.

Actualmente, los datos electorales lo que están mostrando es que de 158 municipios, la incidencia territorial de las estrategias para cambiar la correlación de poder entre hombres y mujeres es extremadamente pobre. A esto se añade que el poder político de las mujeres es un asunto que va más allá del tema electoral y toca el empoderamiento sistemático y cotidiano de las mujeres. Un empoderamiento de las decisiones de las políticas públicas y de los instrumentos de participación como los presupuestos participativos, los cabildos abiertos, la aplicación del 4% para salud, educación y género; además del cumplimiento de la Ley de Municipios, la cual orienta hacia una planificación municipal con perspectiva de género.

La cuota político-electoral establecida por ley sigue siendo insuficiente. El balance de la política de género desde los gobiernos locales tiene más déficit que resultados positivos, aun habiendo una legislación que puede ser aprovechable para promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Ni el 33% de la cuota per se ni la descentralización política han conducido necesariamente a la ampliación de oportunidades para las mujeres. Si la cultura política limita la ampliación de oportunidades a las mujeres, también la mayoría de las que tienen o han tenido poder político se identifican muy poco con la perspectiva de género. Esto es demostrable en las pocas evidencias del alcance de las buenas prácticas de equidad de género en el ejercicio de poder por parte de alcaldesas y regidoras. Pero, el dado no sólo se le puede cargar a las mujeres, porque tampoco los hombres que ocupan alcaldías aplican con grado de sistematicidad y estratégica las políticas de género. La mayoría de hombres interpretan mal las políticas de género con políticas para mujeres.

Si la mayoría de pobreza se expresa en las mujeres, el cumplimiento de la cuota del 33% para el sector femenino se complejiza aún más para su alcance. La acumulación y apropiación de riquezas o bienes por parte de los hombres, que son privilegiados en el manejo de los fondos públicos, se convierte en un gran obstáculo para las mujeres ampliar su representación en los órganos de decisión del Estado. Y las propias mujeres que manejan poder político con visión centralista, como los hombres, se convierten en obstáculos para que otras mujeres puedan avanzar.

En el año 2012 habíamos escrito lo siguiente, lo cual mantiene vigencia: “Esta situación de inequidad en el poder se registra en un contexto en el cual se producen condiciones que significan muchas desventajas por parte de las mujeres en relación a los hombres que participan en política; y aunque exista la cuota, esta resultaría insuficiente para avanzar y ampliar la participación. La hegemonía de los hombres en el mercado electoral y en el manejo del poder político está mediada porque estos tienen más poder económico. Más hombres del ámbito político son pagados para hacer política. La administración pública y el Congreso Nacional están sellados por hombres en su dirección y estas son ventajas que se aprovechan para la lucha de poder. La cuestión económica también se expresa en la casa, en la cual las mujeres tienden a invertir más que los hombres, cuando ambos trabajan”.

También, este desequilibrio del poder político según género, se manifiesta en la demografía política. Salvo los municipios cabeceras de San Juan de la Maguana, Higüey y Cotuí serán dirigidos por mujeres. El resto de municipios, que no son cabecera, se caracterizan por más pobreza, menor población y con menores posibilidades de mejorar el ingresos financieros. Tendrían menores oportunidades para satisfacer demandas sociales.

Las grandes ciudades y municipios continuarán gobernándose por hombres, lo cual les permite un mayor posicionamiento político en el imaginario social y político nacional.

Mientras se mantenga en un alto nivel la situación de desigualdad social y económica entre los géneros, en esa misma dimensión se mantendrán las condiciones de desigualdad en el acceso al poder político.