Aún hay tiempo, compañeros

Aunque ya venció el plazo para formalizar alianzas ante el tribunal electoral, la posibilidad de sumar fuerzas opositoras frente al adversario común no se ha cerrado.

Se acabó el tiempo jurídico, pero queda abierto el tiempo político. Por tanto aún hay que albergar la esperanza de que los partidos y candidatos de oposición que no pertenecen a la Convergencia tengan la suficiente lucidez para comprender el llamado clamoroso de la causa democrática y sumar su aporte a la candidatura presidencial que mayores posibilidades tiene de hacerle frente al continuismo peledeísta.

Aquí se está librando una batalla electoral muy importante pero muy dispareja.

El candidato oficialista cuenta con los recursos del poder y por más que prometa que no los usará en su campaña, salta a la vista que esos recursos están en juego, empezando con la cantidad de funcionarios, el Presidente incluso entre ellos, que están lanzados al ruedo y manejan los asuntos de la campaña, precisamente desde su cómoda condición de funcionarios. Otra cosa, el partido en el poder cuenta con una coalición política bastante amplia y un candidato fuerte.

Aún así, quién dijo que no puede lucharse con éxito contra la reelección. El Gobierno y su candidato tienen también sus flancos débiles.

En lo político, lo social, en lo moral, y las fuerzas opositoras atacan esos flancos. Pero eso no les basta. Necesitan elevar la calidad de su discurso, hacer propuestas convincentes que vayan más allá de la crítica pura y simple para la cual siempre habrá motivos.

Deben igualmente librar una vigorosa batalla contra el miedo, vencer el mito de la invencibilidad de la reelección, convencerse ellos y convencer al electorado de que es posible luchar airosamente contra ella.

Pero sobre todo, necesitan sumar fuerzas, concentrar todos los votos opositores en torno al candidato más robusto. Hay que reconocer el derecho de los grupos que luchan por su propio crecimiento y por afirmar su propia personalidad política.

Pero una cosa no va contra la otra y aún al fin de la campaña, después de cada quien haber recorrido su propia senda, pueden tomar una decisión sabia y valiente para, en nombre de la necesidad del cambio, sumar sus votos al candidato opositor mejor posicionado. Así sea mediante el llamado al voto crítico y condicionado.

Esa sería solo una forma entre muchas más.