Cuando te toca: ¿Por qué a Juancito Sport y no a Richard?

“Cuando hombres sin honores estafan, roban, anulan el derecho ajeno, se sirven de sus posiciones públicas para extorsionar o declarar desiertas acciones ganadas en buena lid generan los que los criminalistas denominan tres motivos básicos para matar: el dinero, los celos y las venganzas”.  Dr. Guido Gil Díaz

El homicidio de Juancito de los Santos fue un crimen deplorable, donde el homicida juzgó y tomó la justicia por su propia cuenta y se suicida en el acto, el móvil del hecho desaparece, a menos que no haya un interés manifiesto de las autoridades por determinar las causas que indujeron al homicida a hacerse justicia.

Ese interés por esclarecer los hechos no lo hubo políticamente y con el pomposo entierro el gobierno dio por cerrado el caso y el exitoso Juancito se lo tragó el olvido.

La muerte,  el 15 de diciembre de 2015, de Juancito Sport estuvo precedida por hechos y acontecimientos políticos los conflictos irresueltos, —dos muertos, incluidos —en el marco del pasado proceso de convención interna  del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Este inesperado acontecimiento tomó por sorpresa al gobierno y al PLD, del que Juancito era miembro del Comité Político, por lo que fue pertinente, según fuentes del Palacio Nacional, realizar una reunión con el muerto aún caliente, para desvincular la tragedia de cualquier sospecha política que pudiera sumarse a los daños colaterales de la sangrienta convención.

En esa primera reunión se inició el proceso de maquillaje y blanqueo de imagen de Juancito, donde se montaron y desmontaron los móviles, que el Procurador General de la República, Francisco Domínguez Brito, dio a la prensa, hasta sacar a Juancito y poner en primer plano del conflicto a Richard, hermano del finado, con lo que la imagen del malogrado alcalde quedó inmaculada. Libre de todo pecado y dudas.

Pero por los predios del Ayuntamiento y la cercanía política y afectiva del Alcalde y exitoso rifero, desde antes de los trágicos hechos, se rumoreaba que el ingeniero Luis Féliz trabajaba, no solo como empresario igualado, sino de que era socio en negocios del ASDE y donde hubo una transacción que implicaba una comisión de varios millones pesos, que  Juan de los Santos rehuía pagar.

No es un secreto que De los Santos maltrató y humilló a Féliz, y fue tal tensión que la mañana del día anterior a los hechos ocurridos en FEDOMU, el Alcalde “botó” de la puerta de su despacho del cabildo al ingeniero Féliz; y cuentan que las últimas palabras de éste fueron de que ´´la hipoteca sería por partidas dobles´´, lo que hace pensar en la existencia de un hombre acorralado al perder la batalla en contra de alguien más poderoso, por lo que la impotencia le produce una severa depresión.

Estos crímenes siempre tienen una motivación, que obliga a los investigadores forenses a determinar por qué el atacante llega a quitarse la vida, cuando esta acción por lo común sucede en los crímenes  pasionales, por tanto es pertinente investigar y determinar las pruebas causales.

Nadie entiende por qué Féliz persigue y enfila cañón contra Juancito, si al decir de las autoridades y familiares, de una y otra partes, el problema de la supuesta deuda es con Richard y es a quien, en su acorralamiento, “debió” haber sacado de circulación.

Cómo se explica que la venta de un carro Mercedes Benz, vehículo que estaba disponible en manos de un “dealer” para venta y supuesto pago del capital, a los embargantes no se le ocurra recuperar el dichoso auto, al momento de ejecutar la hipoteca. Por Dios, señores, hay mucha chapucería en todo esto.

Para los criminalistas, hay cuatro motivos básicos para matar: la política, el dinero, los celos y las venganzas.

¿Cuál de ellos llevó al ingeniero Féliz a cometer un triple crimen, incluyendo el suyo? No hay respuestas.

El Ministerio Público y la Policía Nacional rehuyeron una investigación que pusiera al desnudo  los móviles reales y vinculantes de los hechos. Los muertos se llevaron a las tumbas las verdades, que por conveniencia política se desestimó investigarlas. Para escribir la historia de estos hechos solo queda la especulación y el rumor públicos.

Juancito no tuvo capacidad para negociar con Féliz o no quiso hacerlo por soberbia y perdió la vida y todo el éxito acumulado. Eso sí, que le tocó un entierro, por adelantado, con honores de mandatario, como estaba en su agenda de mediano plazo: comenzar erigir las simientes de una candidatura por la presidencia de la república.

Pero la peor muerte es el olvido y en medio de esta campaña electoral, donde solo cuentan los votos, no se dispone tiempo, para los que ya se fueron en circunstancias trágicas.

La pregunta ¿por qué a Juancito y no a Richard? es una tarea pendiente.

¡Quizás algún día Richard la aclare!